
La Universidad Obrera Nacional: Un símbolo peronista por y para los trabajadores
Por Valentina Cardozo y Valentino Pepe
19 de agosto de 2026
El 19 de agosto de 1948, el Congreso de la Nación aprobó la Ley 13.229, impulsada por el General Perón, que establecía la creación de la Universidad Obrera Nacional (UON), que finalmente abrió sus puertas al pueblo trabajador el 17 de marzo de 1953. A 78 años de la conquista que garantizó el acceso efectivo de los trabajadores a la formación técnica y que revolucionó la educación superior, reflexionamos sobre el rol de la universidad en la Argentina peronista.
Sobre las bases de la Constitución del 1949 que le dió identidad a la figura del obrero, que hasta ese entonces no existía para el ordenamiento y el Primer Plan Quinquenal, el General Perón entendió que para lograr una Argentina industrializada no sólo necesitaba de las fábricas, sino también tener obreros capacitados para “sentirse los verdaderos propulsores del progreso y del desenvolvimiento industrial de la república”.
La creación de la Universidad Obrera Nacional estuvo enmarcada en un proyecto político transformador que entendía el acceso a la educación como una “norma primordial para la vida de los desposeídos” y como democratizadora del saber porque concebía a los trabajadores no únicamente como fuerza del trabajo, sino como sujetos de derechos y artífices de la argentina industrial. Su propuesta universitaria tuvo un objetivo principal: formar técnicos, profesionales y trabajadores especializados con las capacidades necesarias para que nuestro país pudiera producir, industrializarse y conquistar la soberanía económica poniendo como centro a la industria nacional, pensada y desarrollada a lo largo y ancho del país por los propios obreros argentinos. La estructura de la UON se diseñó de forma centralizada, con un rectorado ubicado en Buenos Aires, pero con sus Facultades Regionales distribuidas de forma federal, adaptadas a cada región. Las primeras en crearse fueron las Facultades Regionales de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Rosario y Mendoza. Luego se fundaron las de La Plata, Bahía Blanca y Tucumán; y por último, la de Avellaneda.
Una de las particularidades de la Universidad es que carecía de autonomía, debido a que fue creada como un órgano dentro de la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional, perteneciente a la Secretaría de Trabajo y Previsión, es decir era administrada por el Estado Nacional.

Perón pensó y diseñó a la UON como el último eslabón dentro de un proceso formativo técnico. La Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional ya brindaba grados de formación con un ciclo básico de tres años que preparaba a los “Expertos Obreros” (cursos de aprendizaje, pre-aprendizaje y capacitación), un ciclo medio-técnico de cuatro años que formaba a los “Técnicos de Fábrica”. La UON, cumplió con el nivel superior donde los obreros se graduaron como “Ingenieros de Fábrica”.
Tanto el Rector como los decanos debían ser dirigentes sindicales, egresados de la Escuela Sindical de la Confederación General del Trabajo (CGT), mientras que su Vicerrector y sus Secretarios Académicos debían ser ingenieros y tener experiencia técnico-educativa por ser los encargados de diseñar los proyectos de planes de estudio. Además contaba con el Consejo Asesor Industrial donde se encontraban representados miembros de la CGT y la Confederación General Empresaria (CGE) y su función era aconsejar al Rector y proponer la creación de nuevas especialidades.
Aquellos que querían ingresar como estudiantes debían tener título de técnico o ser egresados de escuelas industriales con desempeño en tareas técnicas en fábricas o talleres, sin embargo, esta medida se eliminó en 1960, abriendo el ingreso a egresados de escuelas no técnicas mediante exámenes.
La Universidad Obrera Nacional fue una verdadera revolución educativa y social. Por primera vez, se pensaba en una educación por y para los trabajadores, rompiendo con una concepción histórica elitista y oligarca en la cual sólo podían formarse y especializarse los privilegiados. La UON fue un elemento central para la capacitación del obrero, que comenzaba a reconocerse como parte de la revolución de la Nueva Nación.
En 1955 con el golpe de la Revolución Libertadora, la Universidad fue intervenida fuertemente. El Plan que llevó adelante el gobierno dictatorial buscaba denostar toda simbología peronista y la UON representaba una de las grandes banderas del peronismo, es por esa razón que durante esos años se aplicaron políticas de desfinanciamiento y desestructuración con la intención de cerrarla y eliminarla.

Como respuesta a ello, se conforma en la Facultad Regional Buenos Aires la Junta Previsional de Estudiantes, que estuvo a cargo de la conducción de la Universidad. El estudiantado obrero defendió y resistió para mantener en pie la Universidad; se crearon agrupaciones en todas las sedes que lucharon por la autonomía y por el reconocimiento de las incumbencias de los títulos y se encargaron de difundir el conflicto mediante pegatinas, notas de prensa, pintadas, y la gestión con legisladores y diputados.
Para resistir a su desaparición, una de las medidas que decidió la Junta para que la UON fue cambiar su nombre por el de Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Podríamos decir que fue una pequeña victoria simbólica de la Fusiladora porque nunca ha vuelto a recuperar su nombre, lo que provoca que se siga intentando desvincular al estudiantado y al espíritu de la Universidad con el Movimiento peronista y la figura de Perón.

Sin embargo, frente a intentos de desarticulación y desfinanciamiento, la universidad pensada por y para los trabajadores, pudo sobrevivir y proyectarse hacia el futuro. Actualmente la UTN cuenta con 33 sedes regionales distribuidas a lo largo de todo el territorio argentino, ofreciendo carreras de grado y posgrado en el área de ingeniería y tecnología. Cuenta además con extensiones áulicas, el Instituto Nacional Superior del Profesorado Técnico (INSPT) y otros centros de investigación y desarrollo.
La Universidad Obrera representó y representa la concepción de que el acceso a la educación superior no debe ser un privilegio, sino un derecho y una herramienta de emancipación. La creación de esta institución significó mucho más que una casa de estudios, fue un reconocimiento del trabajador como protagonista de la nación, reafirmando que su educación es uno de los pilares fundamentales para lograr la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.
